Todas las mujeres necesitan una partera

y algunas también a veces necesitan una ginecóloga.

Cristina Alonso

La Organización Mundial de la Salud estima que el 85% de las mujeres embarazadas son de bajo riesgo y deberían tener un parto fisiológico (WHO, 2015). En México, como en muchos países del mundo, a veces perdemos esa perspectiva ya que la tasa de cesáreas nacional del 47% indica que casi la mitad de las mujeres mexicanas tienen alguna complicación (Guendelman et al, 2017). Sin embargo, como partera generalmente sostenemos tasas de cesárea del 10% y por la marginación de la partería en México solemos atender a mujeres sanas, informadas, de bajo riesgo y comprometidas con su salud (Sánchez, 2016).

En nuestra formación como parteras o en capacitaciones (cuestionables) con la Secretaría de Salud nos informan reiteradamente que “debemos de referir, transferir, trasladar” todas las complicaciones. En muchas ocasiones la educación perinatal y de parteras se ha convertido en una memorización de listas de signos de alarmas y complicaciones del embarazo. De hecho, en la mayoría de asesorías y consultorías que doy a programas de educación y capacitación de parteras, mi trabajo consiste en integrar módulos y casos de parto fisiológico e insistiendo que las parteras debemos estar capacitadas en la fisiología del parto, antes y después de estar capacitadas en urgencias obstétricas.

Con la mirada íntima y profunda que tenemos las parteras hacia el proceso de transición del embarazo nos damos cuenta que el embarazo es un continuo. La mujer está viviendo su vida, con sus ideas, sueños, proyectos, tristezas, frustraciones y enojos, y un día se da cuenta que está embarazada.

El tiempo continúa y la mujer probablemente tendrá el bebé y empezará una nueva etapa de esta vida. Para la mujer todo esto transcurre en un continuo y nosotras somos las que nos subimos a su tren de vida y nos adaptamos a ella, no al revés.

Entender este continuo es fundamental para el acompañamiento de complicaciones en el embarazo y en el parto. Desgraciadamente la obsesión en la prevención, identificación y referencia de urgencias obstétricas, muchas veces reduce a las mujeres a etiquetas de complicación que eliminan la mayoría de su ser y la convierten en “pre-eclampsia” o “amenaza de aborto”.

Esta tendencia cartesiana corta la existencia, personalidad, línea de vida de la mujer, y la convierte en una lista de síntomas y signos que atentan contra su salud, la del bebé y la de la comunidad.

En esos momentos, la partera puede volver a hilar a la mujer a ser un ser completo y entero que, a pesar de tener pre-eclampsia o amenaza de aborto, sigue siendo un adulto completo con ideas, sueños, proyectos, tristezas, frustraciones y enojos, preguntas, muchas preguntas y la necesidad de un apoyo y contención sobre todo su proceso de transformación.

En este artículo quiero retar la idea de que debemos “referir, trasladar y transferir” todas las complicaciones. Propongo que debemos mantenernos al lado de la mujer, además de referir para atención coordinada con un médico experto. Aun o sobre todo en embarazos complicados la mujer sigue necesitando una partera, además de una ginecóloga u otro médico especialista.

A continuación, detallo algunas sugerencias sobre cómo las parteras podemos mantener coherencia y apoyo, cuidando el modelo de atención de partería que se distingue por la continuidad de la atención, el protagonismo de las mujeres y la mirada integral hacia su proceso.

  1. Ofrecer a la mujer volverse experta en su condición

La información es poder y por suerte las mujeres que acuden con parteras suelen ser intensamente informadas y pecan de ser “pacientes difíciles” porque insisten en entender, consentir y participar en los procesos y procedimientos de su salud.

El sistema médico es la única industria en el mundo que descarta la opinión y la participación del usuario en el diseño de programas y modelos. Esto está profundamente penetrado en la cultura médica y es parte de la socialización para ser médicos objetivos que no se involucran con las emociones de los pacientes.

Por suerte, la evidencia está demostrando que este modelo ha sido catastrófico para médicos y pacientes, y poco a poco está cambiando. El movimiento de parto humanizado entre ginecólogos y pediatras es un testimonio real y vivo de médicos que desean tener una práctica más enriquecedora para ellos, basándose en una relación íntima con sus pacientes y una protección de la magia de la fisiología del cuerpo.

En una complicación la partera debe estar muy informada de la situación. Debemos estudiar qué es, por qué surge, cómo la mujer puede vivir con esta condición, cuál es la literatura científica actualizada sobre este proceso y qué nos dice nuestra rica historia oral sobre esta complicación.

En mi experiencia he encontrado, que las mujeres que desarrollan pre-eclampsia tuvieron un momento de no desear este embarazo, que vino antes o después de tiempo o que, por alguna razón, este bebé justo ahora no sería lo mejor. Esto puede ocurrir en cualquier momento del embarazo, pero en pre-eclampsia he notado que suele ser al principio. La mayoría de las mujeres transitan el continuo y se enamoran profundamente del bebé; y todas podemos estar de acuerdo que absorber la noticia de ser madre puede ser muy desconcertante. Tampoco significa que todas las mujeres que tuvieron sentimientos encontrados o de rechazo al principio del embarazo, van a desarrollar pre-eclampsia. Significa que, en mi papel como partera, puedo indagar, alentar, abrir la puerta de las emociones contradictorias y darle permiso a la madre a que todas las emociones en el embarazo se valen y no significan que son mala madre.

Después de haber estudiado sobre el tema, la partera debe compartir con la madre todo lo que ella sabe y ha aprendido sobre el tema. Muchas veces yo le comparto el teléfono de otra persona que también vivió la experiencia para que encuentre una hermana del tránsito y una persona que pueda entender a profundidad la implicación de todas sus decisiones.

La mujer debe entonces volverse protagonista de la complicación – no como una etiqueta de identidad -, sino como máxima experta en su cuerpo y su salud, para poder ser guardiana de todos los procesos y consentir con fuerza, información y poder las decisiones que toma ella con su equipo; y que ella sienta y esté convencida que estas son las mejores decisiones.  

2. Volver a integrar a la mujer como un ser completo

A pesar de ser “diabética” o “placenta previa” la mujer también tiene un trayecto de vida único, un sistema de creencias, un mundo de sueños hacia su futuro y un sistema familiar único en todo el mundo.

Es importante que las consultas prenatales impliquen mucho más que sólo información sobre la complicación. Una vez atendido el tema, debemos volver a poner la atención en que la mujer está pasando por una de las transformaciones integrales más inmensas de su ser y de su vida. Ella está en metamorfosis, y como la mariposa, si sólo le ponemos atención a una antena, vamos a desatender el misterio, la magia y la increíble oportunidad que nos da el embarazo de mirar profundamente hacia nuestra identidad y empezar a soltarla.

Recuerda en las consultas de preguntarle lo que siempre le preguntas a todas las mujeres:

¿Cómo está tu corazón?

¿Cómo estás durmiendo?

¿Qué te da miedo?

¿Qué te emociona?

¿Cómo está él y cómo están ustedes como pareja?

¿Qué comiste hoy? ¿Qué tal dormiste anoche?

¿Qué dice tu madre?

Y miles y miles de preguntas más. Algunas tal vez tan sencillas como ¿qué serie estás viendo en Netflix?

3. Observar el lenguaje sutil u obvio de la complicación

El cuerpo habla con un lenguaje muy simple:

“Me siento presionada.” (hipertensión)

“Me duelen mis pensamientos.” (me duele la cabeza)

“No puedo marcar mi territorio.” (infección de vías urinarias)

“Nadie me nutre.” (anemia)

Alienta a la mujer a escuchar el lenguaje obvio y evidente de su cuerpo.

Para ella ¿qué significa esta complicación, qué posibilidades se le abren al tener esta condición? Todas las parteras tenemos volúmenes de historias de cómo, al preguntarle a la mujer qué necesita, ella generalmente es muy capaz de identificar qué necesita. Recuerdo una mujer que al final de su embarazo presentó hipertensión. Preguntándole qué necesitaba, nos dijo: “Siento que necesito algo para que él me mire y valore todo lo que estoy haciendo. Lleva todo el embarazo diciéndome lo sana y bien que estoy, y no se da cuenta que estoy cansada, que necesito ayuda; y aunque el embarazo esté bien, sí necesito que esté más a mi lado.” Al presentar hipertensión, ahora él podía obligarse a estar más pendiente de ella y acompañarla más de cerca. Decidimos que podría ser más útil pedir cercanía en vez de crearla a través de un síntoma peligroso para su salud.

Algunas mujeres no pueden, no quieren y no están listas de mirar su cuerpo como una metáfora. En ese caso, déjalo ser, con el tiempo ella lo entenderá. He tenido conversaciones con mujeres años después que empiezan con “Ahora me doy cuenta que…”.

4. Esto también pasará…

La impermanencia del embarazo puede ser de las partes más duras de la partería. Por algunos meses nos volvemos íntimas amigas, confidentes de las mujeres; y generalmente a las 6 semanas postparto desaparecemos de sus vidas hasta el siguiente embarazo o crisis vital.

Esto requiere que seamos expertas en el desapego y en honrar la santidad del movimiento constante de la vida. Así como las contracciones siempre pasan, así como el embarazo siempre termina y el parto siempre termina, la complicación generalmente también pasará. Una vez que pase, la mujer seguirá viviendo su vida y tendrá otras preocupaciones y prioridades.

Podemos ofrecerle a la mujer una mirada hacia el futuro durante el embarazo, para recordarle que después del parto viene el postparto, ese laberinto inmenso y oscuro del cual nadie realmente sale y todas se quejan de que nadie les avisó. Una vez en el postparto podemos recordarle a la mujer que esos momentos de miedo e incertidumbre también pasarán y que podemos ahora mirar hacia el futuro y soltar lo que ya pasó y ya sobrevivimos.

La partera también debe soltar eso. Demasiadas veces he escuchado a compañeras parteras dejar de trabajar por la humanidad porque un parto arrebató su alma – frecuentemente una muerte de un bebé con amenazas legales de parte de la familia o el sistema o una hemorragia espeluznante.

Honrar la seriedad del trauma psicológico que vivimos las parteras en partos difíciles, significa sumergirnos en el espantoso dolor del miedo, la inseguridad, la soledad y la locura de lo que vivimos.

Esto implica mirar el monstruo a los ojos y hacer nuestro trabajo para ponernos de rodillas ante estos miedos ancestrales y heredados de tiempos donde nos quemaban y ahogaban de verdad. Se vale tomarse un sabático para dejar de atender partos y se vale ir a terapia, constelar, tomar todas las flores de Bach y homeopatía necesarias. Ojalá los congresos y encuentros de parteras trabajaran más para sanar los corazones heridos y maltratados de las parteras.

Cuando parece que la partería es más riesgo que gozo, atiende a tu corazón y acude a tu círculo de hermanas parteras para ayudarte a parir ese monstruo.

Pero pase lo que pase, por favor, no dejes la partería. Por honor a las que perdieron la vida antes que nosotras por atender partos y por honor a las que han hecho magia para pedirnos que sigamos atendiendo sus partos a pesar de todo lo que hay en contra.

Y por honor al misterio de la transformación integral, no dejes a la mujer a pesar de que ya no sea “de bajo riesgo”. El “riesgo” de ser mujer es el empoderamiento brutal que nos puede dar un parto bajo nuestros propios términos, sea donde sea, con quien sea, pero diseñado por nosotras mismas.

Aún en embarazos y partos complicados, insiste en que todas las mujeres necesitan una partera; y algunas veces también necesitan una ginecóloga.

Bibliografía

Guendelman S, Gemmill A, Thornton D, Walker D, y cols. Prevalence, Disparities, And Determinants Of Primary Cesarean Births Among First-Time Mothers in Mexico. Health Affairs. Health Aff (Millwood). 1 Abr 2017;36(4):714-722. doi: 10.1377/hlthaff.2016.1084

Sanchez Ramirez, G (2016) Espacios para parir diferente, ECOSUR

World Health Organization (2015), WHO Statement on Cesarean Section Rates, http://www.who.int/reproductivehealth/publications/maternal_perinatal_health/cs-statement/en/

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