La realidad del Parto

Un parto ocurre dentro de un contexto cultural, y dentro de una sociedad y una familia que lo sostiene.

La mujer antes de parir tiene una serie de expectativas de cómo le va a ir. Desde el momento que ella empieza a pensar en como a ser ese parto, si va a ser en un hospital, con anestesia, si va a ser quirúrgico, si va a ser en casa, quien va a estar allí. El hombre también tiene una serie de expectativas, y son una pareja. Esas expectativas se conjuntan, y hay una negociación durante el embarazo sobre como hacer un parto.

Hay mujeres que quieren parir en casa y al marido le parece aterrante la idea y no pueden parir en casa, acaban pariendo en el hospital. La sociedad es determinante.

Cuando tu miras una sociedad, por ejemplo en México donde el 45% de los bebes nacen por cirugía, es una sociedad donde parece normal y sano recurrir a la cirugía para resolver una complicación. Y lo que es una complicación se vuelve todo.

Si la mitad de los bebes están naciendo por que hay complicaciones, por cirugía, podemos asumir como sociedad que de hecho la mitad de los partos de van a complicar. Aquí estamos en una sociedad donde las mujeres van a entrar en el parto asumiendo que va a haber una complicación.

Suele haber entonces un contexto bastante dramático. La mujer y la familia que esta sosteniendo ese parto van a estar mucho tiempo en el parto diciendo, “bueno, mientras todo vaya bien, bien, pero en el momento que necesitemos nos vamos al hospital para una cesárea”… “si esto tarda mucho, nos vamos al hospital”… en la primera entrevista que hacen conmigo preguntan, “¿en que momento nos vamos a ir al hospital?”.

Entonces parir afuera del hospital es casi un milagro, una sorpresa. Parir sin complicaciones se vuelve un milagro, por que vamos a asumir que algo va a salir mal.

En España creo que lo que ocurre es que se asume que el parto debe ser anestesiado. Las mujeres no quieren sentir el parto. Les parece abominable, retrogrado, cavernícola sentir el parto. Tal vez en Galicia esta información llego tarde, hace poco, por su distancia del resto del país, pero en los últimos años, se ha infundido con el “avance de la medicina” y ahora no tienen por que “sufrir” el parto.

Es un brinco generación que ha ocurrido recientemente en España, y más en Galicia. Ya que un estado de un país no se puede escapar de la tendencia nacional. Se puede atrasar, pero no se puede evadir, por que los médicos y las matronas se capacitan a nivel nacional. Y así, la entrada, el acompañamiento va a incluir palabras como “sufrir”, “no tienes por que estar sufriendo así”, “te puedo poner algo para que no vivas esto”.

Y sobre el dolor: desde los que los que acompañamos el parto hasta los que lo viven, todos tenemos que saber que el parto duele.

Tiene que doler. Y que eso no sea un factor decisivo. Creo que cuando nos preparamos para un parto, de entrada vamos a asumir que el parto duele. Hay que dar eso por hecho. Y algo que es mucho más interesante es: ¿Qué vas a hacer tú con eso? ¿Tu qué con el dolor? ¿Tu qué cuando creas que ya no puedes más?. Todas las mujeres dicen en un momento del parto, yo no puedo más. ¿Pero qué va a pasar?

Creo que asumir que el parto no duele y cuestionarse el dolor en el parto nos lleva a un lugar donde lo que estamos haciendo es evadir lo profundo nuestro.

Y en tu fase prenatal, en vez de trabajar tus dolores y que te va a ayudar, que necesitas para sumergirte en ese dolor para soltarlo, si niegas el dolor, vas a negar lo obvio. Y vas a negar todo lo demás que ocurre. Y vas a negar el dolor y la intensidad de todo en la vida.

Por que el parto sana ese dolor, a través de ese lugar extremo donde te lleva. Te recuerda cosas, te hace soltar cosas, ocurren cosas transformativas a nivel emocional. Para darle espacio a este bebe en tu vida. Si tu no sueltas todo ese dolor, sigues, como madre, enganchada a dolores de tu pasado y negando la intensidad de la vida. Tu hijo, al atravesarte te exige presencia. Que lo recibas sin tu pasado, sino con tu presente intenso.

Si podemos empezar el trabajo prenatal hablando de que el parto duele y que es un proceso transformativo de ese dolor, podemos usar ese tiempo prenatal para ir preparando esa transformación.

Y entonces ¿qué necesitas en ese parto doloroso? ¿Necesito a mi marido? ¿Necesito a mi suegra? ¿Donde me voy a sentir más fuerte y potente para transformarme y dónde menos? Y allí poder diseñar dentro de lo sorprendente que es el parto, los factores que si están en nuestro control: donde, quien esta allí y que hacen cada uno y cuanta tecnología hay allí.

Lo demás no sabemos cuando va a ocurrir, cuanto vaya a durar, qué va a pasar en ese camino. Pero si empezamos el parto sabiendo que va mucho más allá de un acto doloroso donde sale un bebe podemos prepararnos mucho para que sea algo más.

¿Por qué nos permitimos a plantear el parto sin dolor?

Tenemos que sacarnos el velo de la fantasía ante el parto idealizado.

Por ejemplo, cuando escuchamos que las mujeres quieren tener un parto natural en el hospital, o un parto en casa sin dolor. El hospital es un lugar frío, clínico, donde no hay tinas de agua, no hay donde colgarte, las luces están prendidas, no hay velas, hay extraños, hay un reloj enorme en la pared mirándote, gente metiendo sus dedos en tu vagina y midiéndote. Y luego se sorprenden de que no pudieron parir natural. ¿Qué herramientas tiene el hospital para un parto natural? Un lugar tan desconectado de lo que es realmente un parto.

De la misma manera que en casa no hay opciones de anestesia, y allí va a dolor mucho. Entonces cuando una mujer y su pareja están planeando el parto, allí tendrían que hacer el ejercicio de qué esperan de su parto, y qué herramientas necesitan para lograr eso. Esas son dos preguntas fundamentales.

Creo que en el prenatal nos tenemos que organizar bien en la realidad. Creo que tenemos que ver nuestro presente, y aceptarlo, y de allí poder prepararnos para el parto que queremos.

Yo diría que para parir tendríamos que ser más reales.

Autora: Cristina Alonso

Publicado en Bienvenido a la Vida, Eomaia, 2013.

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